El trabajo de ponerse las medias de nylon fue todo un drama. El dolor de espalda era, después de muchos años, insoportable; los zapatos de taco, las botas con esas enormes plataformas acrílicas y de muchos colores, así como mantener la postura ya sea de pie, caminando, sentada, en el carro, al bailar, como solo ella sabía hacerlo como toda una dama, porque eso si, era una dama incluso hasta en el baño; seguir parada derechita con una sonriza aunque el juanete te mate y la faja te estrangule, le había enseñado a soportar el dolor así podría jurar que cualquier dolor de parto fuera como reventar un granito de acné junto a su lumbalgia.
La maldita de La Pocha sigue cantando y la muy bruta esta cada día más sorda y desentonada, dónde esta que no me ayuda, pensó para sí mientras procuraba que la media no se raye.
Ya no son esas medias carísimas que traían de París o de Brasil especialmente para ella ahora eran algo más corrientes compradas en Saga o Ripley, eso si, será vieja pero mantiene al menos cierta dignidad.
Justo pensaba en eso cuando, soportando el maldito dolor de la espalda consiguió acomodar el último pliegue de la media, Uf no he perdido mi toque, sigo siendo una laidy. Se sintió reconfortada a pesar que a través de la media se veían algunos pelos de la pierna que no llegó a depilarse con precisión. Hay no importa, la falda tapará la terquedad de la naturaleza. Se dijo mas por pereza que por convicción.





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